Estoy subscrito a ambas publicaciones. Personalmente me parecen la mejor inversión que he hecho en mi vida. Recibo información del exterior supuestamente seria y contrastada. En nuestro país, España, todos los medios emiten las mismas noticias, es como si viviésemos en una burbuja.
Hay quien dice que estoy «americanizado» y en ciertos aspectos espero que así sea. Aquí nadie discute las noticas, todo se toma de forma persona y el 99% de lo que recibimos proviene de y para España.
Y, querido lector/a, España es un país muy pequeño y bastante insignificante. Sí, se que es una afirmación muy dura, pero es real como la vida misma. Y ¡no!, no soy pesimista ni anti-español. Simplemente constanto el hecho de que demográficamente España es pequeña (40 y pico millones de habitantes) y económicamente también lo es.
No solo eso, sino que además económicamente somos un desastre. Importamos casi toda la energía que consumimos, lo que nos hace muy sensibles (pero que MUY MUY sensibles) a los desbarajustes que se produzcan en los mercados energéticos mundiales.
¿Y qué cobertura dan nuestros medios a esos mercados? ¡Nula! es simplemente ridículo. Aquí son los gobiernos con sus medidas (jajaja, permíteme que me ría) los que deciden nuestros ciclos económicos, no la entrada en el euro, la subida del petróleo o problemas exteriores.
La gente sigue pensando que España es independiente del resto del planeta. Que gran error.
Por eso leo estas dos revistas. «The Economist» da un repaso a todo el planeta, preocupándose por como le va a cada nación y por las grandes empresas. «Harvard Business Review» se ocupa de difundir sistemas de gestión y administración de empresas salidos de las mejores universidades.
«The Economist» me mantiene informado de los sucesos que pueden llegar a afectarme mientras que «Harvard Business Review» me permite aprender y contrastar técnicas que tardarán años (o probablemente décadas) en ser aplicadas realmente en España.
Porque con los años he constatado algo. Las revoluciones, o simplemente las modas, tardan entre 2 y 5 años en llegar a España.
Aún recuerdo como un amigo suizo llegó al instituto en que estudiaba en 1995 con unos pantalones que acababan por debajo de las rodillas. Todo el mundo se rió de él, mientras que él se defendía diciendo que estaban de moda en Suiza por aquel entonces. Cuando ví como esos pantalones, piratas los llaman ahora, aparecieron por doquier en España fue un mazazo para mí. No tanto porque fuesen de mi gusto o no sino porque la advertencia de mi amigo fue como una profecía de Nostradamus que se hizo realidad.
Trataré de escribir resúmenes de los artículos más interesantes que lea en ambas revistas, puesto que la mayoría de esos artículos jamás se traducirán al castellano.
Moraleja: aprende inglés y accede a un par de medios exteriores a España para intentar mantenerte al día. Verás que bien te lo pasas cuando hagas uso de una información a la que el resto de la gente no tendrá acceso hasta dentro de unos meses … ¡o años!